



Paisajes sonoros
SAN BARTOLOMÉ DE TIRAJANA
AYAGAURES
“Entre dos montañas”, literalmente es el nombre que se atribuye a la palabra prehispánica Ayagaures. Aquí nos encontramos otro barranco de altos cañones, quizás algo más árido que otros de la isla, como no puede ser de otra forma tratándose de la desembocadura sur de la isla cónica.
En algún momento salvaje de los tiempos, este barranco formado por la erupción explosiva del volcán Roque Nublo, millones de años más tarde es el punto de conexión del Parque Natural de Pilancones en la cabecera, hasta la desembocadura en Maspalomas. En la travesía entre estos dos puntos se encuentra la presa de Ayagaures, también denominada como presa de la Angostura. Ésta, es la que sucede a la presa de Gambuesa, y en torno a ella el pequeño y singular pueblo de Ayagaures. El pueblo concentra en su pequeño núcleo las funciones mínimas y básicas; en torno a una iglesia, un centro sanitario, una plaza con su bar y algún comercio. Una valla al margen de la carretera delimita un paseo que asoma a la presa. Precisamente, es la presa el alma de esta concentración poblacional menor, ya que el resto de la población se encuentra salpicada por las laderas del barranco de Ayagaures, donde destacan los preciosos caseríos a la vera de palmerales y cañaverales.
Debido a la escasez de lluvias y a la ola de calor fuera de lugar que nos azotó, la presa se ve desfavorecida y bastante lejos de su esplendor. También dista de la capacidad que nos acostumbra a ver cuando, como se suele decir, “caen cuatro gotas”. Y es que con poco esta tierra es agradecida, y lo muestra brotando, llenando sus presas, aclarando sus aguas y abriendo la vida a su paso. Las presas siempre han sido focos de vida animal y vegetal, cumplen una función vital más si cabe en lugares como el que vivimos. En la isla nos sobra agua salada alrededor pero nos falta la de dentro, la “dulce”, de la que beben nuestras especies incluida la nuestra. Recuerdo acercarme por sus pequeñas cuevas a la vera de la presa, y se nota el tremendo contraste de las altas temperaturas que se alcanzan en esa zona al aire libre, con el fresco que mantiene la cavidad rocosa. En este barranco podemos encontrar especies como el picapino, pinzones azules o aves asociadas al agua. Además de las avispas que anidan en la roca, mariposas, lagartos y subespecies endémicas.
La vegetación aflora donde hay agua, y es por ello que crecen, además de las citadas con anterioridad: saucedas, pinares, cardonales-tabaibales, algunos dragos y sabinas aislados; y especies endémicas como la colorida salviablanca de Ayagaures o la ruda grancanaria. Todo ello invita a subir barranco arriba e ir descubriendo este precioso rincón, situarse entre diques y disfrutar de la quietud y el movimiento a la vez. Pues aunque parezcan conceptos antagónicos, son esenciales el uno para el otro y se respaldan, siendo esa calma dinámica indispensable para el desarrollo de la vida.